Sobre el problema de no parecerse y las críticas desenfocadas

Octubre de 2021, Pedro Pascal y Bella Ramsey son anunciados como los encargados de dar vida a Joel y Ellie respectivamente. No sabemos cómo va a ser el producto producido por HBO. Ni cómo van a adaptar los elementos jugables a la serie. No sabemos cómo va a ser la producción, o si la dirección va a ser la correcta. Puedo entender que la crítica en ese momento se enfocase en la apariencia física de los actores, puesto que es lo único que conocíamos, aunque no la compartiese.

Nueve capítulos después, muchos millones de dólares gastados, miles de personas trabajando en una primera temporada exitosa, como mínimo en cuanto a premios, y la crítica sigue siendo la misma, el físico de los actores. O siendo más honestos, el físico de Bella.

En su día Pedro Pascal también era foco de críticas: Nicolaj Coster-Waldau, conocido por ser el actor que dio vida a Jamie Lannister, en un edit en internet, daba más el pego con el muñeco modelado por Naughty Dog que el propio Pedro. Pero parece que la opinión general sobre el encaje del físico de Pedro es satisfactoria. La gente asocia Joel con Pedro, Pedro con Joel. Pedro solo tiene que vestirse con una chaqueta de pana para que Joel aparezca en los ojos de los fans.

Comparación ya olvidada entre Joel y Nicolaj.

La pelea eterna de Bella

Bella sigue sin ser Ellie a ojos de los fans, o a ojos de los usuarios de la red social de turno. Cuando la ven en imágenes filtradas, o imágenes promocionales, siguen aprovechando para exclamar su desacuerdo al verla como Ellie. Bella no se parece en nada a la Ellie del juego y mucho menos a la Ellie del segundo juego.

Las diferencias físicas entre la Ellie del primer juego y la del segundo radicales

Ellie en el primer juego es minúscula, la controlamos en ese interludio en el que pensamos que Joel decide hacerse un piercing en el estómago. Está sola en el bosque. Todo es una amenaza. Todo le queda grande y cada persona que se nos cruce no nos inspira confianza. Jugando con Joel no éramos tan vulnerables, sabíamos que podíamos pegar unos puñetazos al estilo Kratos que disipaban de manera muy efectiva las amenazas. Jugar de pronto con Ellie es como pasar de jugar con un león a jugar con un ratoncillo cuya supervivencia depende de lo bien que se esconda.

Ellie en Parte II pega el estirón, es una chica alta, ágil, delgada y fibrada. Cuando la controlamos, no nos sentimos presas. Somos serpientes escondidos entre el césped, esperando a que los enemigos nos den lo justo la espalda y podamos atacar con suma letalidad. Ellie llega a Seattle y lo destroza, Ellie tiene un nuevo físico para poder pasar entre esas bandas que están en medio de una guerra civil y sobrevivir. Ellie creció, pero Bella, como es lógico, no.

¿Influye el físico en la trama?

No le voy a prestar atención a las críticas relativas a la belleza o ausencia de ella de Ellie o de Bella. Ni el modelaje de Ellie, ni la actriz están para satisfacer la lívido de nadie. Y la belleza de Ellie nunca ha sido parte de la trama de The Last of Us. Lo que cada uno considere bello, se lo debería de quedar para cada uno, pues The Last of Us debería ser lo mismo con una Ellie más o menos guapa, más o menos atractiva.

Pero antes he hablado de las diferencias en cuanto a gameplay entre el primer y el segundo juego. En el segundo, el físico de Ellie juega un papel decisivo en torno a la suspensión de incredulidad del jugador. La fuerza y agilidad de Ellie determinan lo que Ellie hace en Seattle. Y esto sí que afecta a la trama.

La obra que se desarrolló en The Last of Us Parte II no sería la misma si Ellie siguiese siendo la misma niña menuda de la Parte I. Cómo nos movemos por Seattle y lo que podemos llegar a hacer por esas calles no podrían ser lo mismo. Ellie no puede ir detrás del armario empotrado que es Abby con el físico de una niña de 14 años. Si Ellie no hubiese pegado ese estirón, como mínimo, Abby tendría que ser diferente.

Los enfrentamientos contra infectados y no infectados se tendrían que replantear por completo, no habría lugar a tanta carnicería, a tanto enfrentamiento abierto y multitudinario. Los escenarios y cómo nos adentramos en ellos tendrían que replantearse, porque midiendo 1,55 no llegas a tantos sitios como cuando mides 1,70.

Con una Ellie pequeña, The Last of Us Parte II se tendría que reestructurar. Adivinad lo que van a hacer en la serie.

El mismo análisis de siempre

Pero tras una temporada, el problema que se ha vuelto a plantear en redes sigue siendo el mismo, sigue siendo del que ya se habló en esta página tiempo ha, la serie no se va a parecer al videojuego. Guste más, guste menos. La primera temporada tenía muchas diferencias con respecto al juego, algunas pésimas ideas, pero algunas brillantes: en el videojuego no podría haber un momento como ese maravilloso Episodio 3 de la primera temporada.

Pero no me extraña que el problema haya vuelto a salir, pues no creo que a la serie se le haya hecho el análisis cultural pertinente porque, entre otras cosas, no ha tenido tampoco una relevancia cultural más allá de un gran número de visionados. Esto ha dado pie a que la serie únicamente haya sido observada por ser una adaptación de otro producto que gusta mucho. Se analizan los escenarios y la buena caracterización que se ha hecho de un personaje. Se analizan cosas cuantificables: la similitud de la barba de X personaje, lo pareja que es una escena con otra, la cantidad de porquería que tiene una esquina en tal escena. Pero no se ha analizado nada más allá de eso.

El mayor fracaso de la serie

Me resulta triste haber visto la serie de The Last of Us dos veces y haber consumido mil tipos de contenidos y análisis y no haber sido capaz de encontrar una crítica o un análisis con algo de calidad con respecto a la actuación de Pedro o de Bella, o con respecto al simbolismo de algo que se haya planteado en la serie. Y es que, quitando el episodio 3, nada de lo que se haya hecho ha sido realmente relevante fuera de la comparativa contra el videojuego. El videojuego sigue siendo tan grande y la serie sigue viviendo tan a rebufo del juego que no ha conseguido alejarse de esa comparativa simple y limitada.

Bella no se va a poder alejar de esas críticas limitadas, en primer lugar, porque la serie no ha tenido la oportunidad de ser un producto individual. En segundo, porque la actuación de Bella no brilló como sí lo hizo la de Pedro. Basta con volver a jugar Parte II y escuchar dos frases de Ashley Johnson para comprender que Bella no supo plasmar a Ellie. Y cuando la serie ha resultado en ser una transcripción del videojuego a otro medio, enfrentar las actuaciones de Bella y de Ashley resulta casi natural. La serie no es lo suficientemente diferente al videojuego como para que las diferencias entre Bella y Ellie, o entre Bella y Ashley, no causen resquemor.

Escuchar campanas y no saber dónde

Pero independientemente de que Bella esté así o asá, Bella no se merece ser cuestionada por lo que se le está cuestionando. La serie tampoco merece ser criticada o puesta en duda porque un muñeco 3D se parezca poco a una persona real. Creo que los espectadores, como fans, hemos fallado en conformismo, en tragar con todo y finalmente en criticar lo que no tenemos que criticar.

El despropósito del episodio 2 de la serie, con esas raíces que funcionaban como un cableado de fibra óptica, con una mente colmena, con besos rancios y miradas intensas a explosiones palomiteras; o la irrelevancia de las subtramas como las de Kansas City; debería habernos dolido más. La carencia de habilidad de Bella Ramsey cuando Ellie tenía que mostrar una faceta que no fuese la contestona debería habernos pesado más. Las diferencias de dirección en cada episodio o la facilidad para reducir la serie a nueve episodios por cuestiones meramente políticas e hipócritas son señales de problemas en el cuidado interno del producto y nos debería haber preocupado más. El dejar a un lado la tensión y el terror en pos de acción barata demasiado Hollywoodiense no trae nada nuevo o revolucionario y debería enfadarnos más.

Críticas desenfocadas

Y, sin embargo, en vez de analizar esto, criticamos que Bella es chiquita. Protestamos porque conocemos a una cosplayer que se hizo una sesión de fotos en el bosque ‘todo guapa’ y creemos que con eso vale, que con parecerse un poco ya es como conseguimos una buena serie. Desenfocamos la crítica que hacemos al elemento más estúpido de todos, demostrando que no entendemos lo que consumimos, que no valoramos o que directamente no percibimos lo que hace que algo sea grande.

La segunda temporada de la serie puede ser un fracaso y, en efecto, puede ser culpa de Bella y del casting que se hizo para Ellie. Pero no va a ser porque mida 1,56 y parezca salida de una clase de quinto de primaria. La trama se va a adaptar al medio, como ya hizo la primera temporada. Nuestras preocupaciones deberían ir en torno a qué van a hacer con una trama tan compleja y que depende tanto de estar jugando a un medio como la serie. Personalmente me preocupa más si la temática va a ser la valentía del episodio 3 o el buen mimo del episodio 7; o la cobardía e irrelevancia del episodio 2 o episodio 6.

Deja un comentario